Adultescentes

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Cuando la nostalgia conoce al consumismo.

El llamado ‘Síndrome de Peter Pan’ y la proliferación de Chavo-rucos, que ahora no sólo cada familia tiene uno, sino hasta más; son síntomas inequívocos de una nueva realidad en México: Las personas con mente de niño y cartera de adulto.

    Desde los nuevos dispositivos de telefonía celular, los wearables, la fiebre de los drones y las cámaras móviles en primera persona, así como los nuevos dispositivos de desplazamiento y recreación basados en principios de magnetismo, levitación y equilibrio hasta llegar a los artículos de colección, ediciones especiales y de lujo de figuras, sets, historietas, juguetes de edición conmemorativa y otros artilugios, el mercado de los adultescentes es uno de los más atractivos y lucrativos para las marcas.

   Pero… ¿Quiénes son los adultescentes o ‘kidults’? Se trata de profesionales que pertenecen a la población económicamente activa y que tras la satisfacción de sus necesidades, la totalidad de sus ingresos no se destina a la adquisición de bienes trascendentales o que podrían ser considerados como un patrimonio, sino al continuo alimento de una aspiración no conclusa de su niñez o a la adquisición de bienes que por sí solos no representan mayor satisfactor que la evocación de una época pasada.

   De esta forma los adultescentes invierten una gran parte de su presupuesto en la adquisición de estímulos, en este caso artículos, que sirvan para satisfacer una nostalgia que sienten hacia su niñez, la época que ellos consideran dorada y donde no existía mayor preocupación que esperar a que dieran las cinco de la tarde para presenciar el nuevo capítulo de su programa de tv favorito. Este perfil obviamente refiere a los miembros de la Generación X y Y que ahora han extendido su adolescencia hasta pasado los 30 años y a veces hasta bien entrados los 50’s. 

   En este aspecto y siendo una constante que promueve el comercio internacional, la mayoría de los adultos que sobrepasan los 25 años hasta la franja de aquellos que pasan los 50’s; quiénes, bajo pretexto de la crisis de la mediana edad, comparten no sólo hábitos de consumo, sino de comportamiento en igual medida con los primeros. Así, esta masa de adultos se vuelve cada vez más homogénea y sus estilos de vida se empatan al retwittear el mismo mensaje en Twitter, escuchar las mismas listas de reproducción de música en Spotify, comprar la última edición del iPhone y tener el mismo consumo cultural y de medios a través de Netflix.

   Así la cultura de la ludicidad y el consumismo han generado todo un nuevo oleaje de adultos que si bien han encontrado en la satisfacción de metas personales de consumo una justificación al mal necesario llamado trabajo y que han suplido las crisis cada vez más prolíficas en la vida del hombre a los 25, 30, 40 y 50 en rutas de consumo, también han devenido a la conformación de un nuevo modelo familiar donde las fronteras entre padres e hijos se desdibujan y donde la tecnología hace las veces del mejor consejero familiar.

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